Distancia: 9 km
Dificultad: baja
Duración: 4 horas aproximadamente
Descripción de la ruta:
Esta ruta nos conduce hasta un hermoso
paraje donde, según cuenta la leyenda,
pusieron fin a su vida dos amantes (un caballero musulmán y una
dama cristiana).
En la primera parte de la ruta pasamos
por una zona donde predominan las
gramíneas (esparto, lastón...)
y los cardos -plantas muy resistentes
a la sequía-, aunque unos juncos
delatan la existencia de agua.
Vamos atravesando o vadeando distintos
puentes sobre ramblas o barrancos, construidos para resguardar la tubería, que
conduce el agua del Cejo, de
las avenidas. La vegetación
(adelfas,
zarzas, rubia peregrina, clavel silvestre...) aprovecha este aporte de humedad.
Cuando la senda cruza la carretera,
nos encontramos en una zona de yesos,
donde podemos observar una vegetación
característica. Esta carretera nos llevaría,
en unos 2 km de esfuerzo, a un mirador con
amplias vistas sobre la comarca.
A mitad del recorrido podemos encontrar
romeros, albaidas, curry, malvas,
tapeneras, coscoja... y una indicación
que nos conduce al "mirador del
paisaje", desde donde podemos
admirar las principales sierras del
suroeste murciano, el río Guadalentín
y los grandes contrastes de vegetación, con el predominio de
la albaida o el esparto, según
el suelo sea rojizo o amarillento
respectivamente.
Y de aquí vamos por fin directos
al Cejo, una pared vertical
de arenisca erosionada por el viento,
en la que se pueden encontrar fósiles
de entre 5 y 20 m.d.a. La vegetación
predominante es el pino carrasco,
junto con el jaguarzo morisco, marrubio,
espino negro, jara, lentisco uña
de gato y enebro.
Una vez llegamos a las faldas
del Cejo, nos encontramos con una fuente
canalizada, procedente de un acuífero
subterráneo que aflora a la
superficie de forma natural.
Desde aquí tenemos dos
alternativas: enlazar con la
ruta de la rambla de Cambrón
o con la rambla de los Diecisiete
Arcos. En ambos casos, disfrutaremos contemplando la vegetación
característica de las ramblas,
el trabajo erosivo del agua y los
antiguos cortijos rodeados de cultivos
tradicionales.