Neolítico
Entre el 6.000 y 3.000 a.C. las
comunidades comenzaron a sedentarizarse
y establecer sus poblados próximos
a tierras de cultivo y pasto para el ganado.
La agricultura y la ganadería se
complementaban con las actividades de caza,
pesca y recolección. En este período
comienzan también a utilizarse vasijas
cerámicas, además
de los recipientes de madera y piedra.
Algunos poblados se disponían en
pequeñas elevaciones o terrazas junto
a ríos o ramblas: El Capitán;
Luchena, Xiquena, El Chorrillo Alto, El
Chorrillo Bajo, La Parrilla y La Salud.
Las viviendas eran una choza oval o circular
con zócalo de piedra, alzado de tapial
y techo con vigas de madera y ramaje. Eran
muy pequeñas y se usaban para dormir,
almacenar y refugiarse cuando hacía
mal tiempo.
En Lorca los únicos asentamientos
neolíticos documentados
en cueva, se localizan en las comarcas del
Barranco de la Hoz y Valdeinfierno.
Esta escasez de yacimientos pudo deberse
a la supervivencia prolongada de las formas
de vida cazadoras y recolectoras.
Los enterramientos se realizaban en cuevas,
abrigos naturales o megalitos. Las sepulturas
más antiguas documentadas en el valle
del Guadalentín son las necrópolis
megalíticas. Se trata de construcciones
con grandes piedras dispuestas en forma
circular, con una cámara sepulcral,
situada en el centro, que se cubría
con una techumbre formada posiblemente con
palos y ramaje. En su mayoría eran
destinadas a enterramientos múltiples.
En Lorca se encuentran algunos de los
megalitos más significativos de la
Región de Murcia: Murviedro
en el Cerro del Colmenarico, Peñas
de Béjar y El Cerro Negro de Jofré
(Zarcilla de Ramos). Estos megalitos están
dispersos a lo largo de los valles de los
ríos Corneros (Cabezo Colorao, Xiquena),
Turrilla (Cerro Negro) y Guadalentín
(Peñas de Béjar).
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