Lorca cristiana
Durante la repoblación cristiana,
las tierras y las casas de Lorca y sus alquerías
fueron repartidas entre población
básicamente militar. No
quedaba nada de la organización musulmana,
a excepción del trazado urbano y
de las defensas y murallas. La forma más
evidente de establecer un nuevo
modelo de civilización era
el representarlo con una imagen:
esa fue la razón de la construcción
de una gran torre que culminase
el alcázar, a la manera
de torre de homenaje cristiana. Nos referimos
a la torre Alfonsina.
De la etapa islámica se mantuvo
el sistema de riego por tandas,
pero los abusos de algunos caballeros propiciaron
que Alfonso X tuviese que dar una orden
en 1268 para que se respetase ese orden.
Las necesidades de convivencia y de regulación
de la vida urbana precisaban de un ordenamiento
jurídico básico: un fuero,
el cual establecía el municipio como
principal elemento de gobierno. Asimismo,
la villa se dividía en parroquias
como circunscripciones. Pero el mantenimiento
del peligro militar en
los contornos de la villa y las dificultades
a causa del clima tan adverso,
llevaron el proyecto repoblador
a un fracaso.
La frontera condicionó el
desarrollo de la villa y sus pobladores.
El campo se despoblaba a finales del siglo
XIII, quedando sólo ocupados algunos
puntos fortificados rurales, como Coy, Tébar
o Chuecos, permaneciendo la villa como el
único referente poblacional. Alfonso
XI de Castilla intentó una cuarta
repoblación que también fracasó.
La permanencia de la amenaza militar
constante desde el principio hizo
que Lorca fuese una tierra
de posibilidades.
La Corona concedía privilegios,
como la exención de determinados
impuestos, a los pobladores de Lorca a causa
de las dificultades y para evitar su despoblamiento.
Se produjo el abandono de la tierra cultivada
y la implantación de la ganadería
junto al negocio de la guerra,
todo ello se complementaba con los recursos
ofrecidos por el monte: desarrollo de la
apicultura, la caza, etc.
La actividad comercial se hundió
tras la conquista y se transforma en prácticas
de contrabandismo con el
sector musulmán.
Era una sociedad abierta y la guerra se
convirtió en un oficio con reconocimiento
social. El lorquino era un pastor,
agricultor, apicultor y guerrero,
que tenía sus ingresos en el ganado,
el cultivo, el cautiverio, el botín
ocasional. Aquella tierra de posibilidades
llamó a los judíos: instalados
en uno de los barrios de la fortaleza, dedicándose
básicamente a labores comerciales
con la parte musulmana.
En la primera mitad del siglo XIV,
en Lorca se produjo la separación
entre el agua y la tierra. Con
motivo de las necesidades monetarias para
la defensa, el concejo puso en venta el
agua a la que tenía derecho de sus
propios.
El resto de propietarios de los pagos
de Albacete, Tercia y Sutullena decidieron
seguir el ejemplo del municipio, y comenzaron
a vender el agua que no utilizaban al mejor
postor en una subasta pública -alporchón-.
El resto de lugares de la huerta: Alcalá,
Altrital, Serrata y la heredad del Real,
en previsión de que se podían
quedar baldíos al venderse toda el
agua que les correspondía, tuvieron
prohibida esta comercialización,
siendo el origen de por qué en algunos
lugares el agua está unida a la tierra
y en otros no.
Propios: bienes y rentas propiedad de la
institución municipal.
Pago: distrito determinado de tierras.