Edad del Hierro
Durante los siglos VII y VI a.C., el
Cerro del Castillo de Lorca posiblemente
estuvo poblado, debido a su estratégica
situación, y recibió las influencias
del comercio colonial (fenicios y griegos).
Otros poblados próximos a Lorca
se situaron en el llano o en pequeñas
laderas próximas a ramblas: Los Arrieros,
El Cañete, Cañada de Alba,
Vilerda, Torrealvilla y la Torre de Sancho
Manuel (Cazalla).
Las comarcas alejadas del valle del Guadalentín
estuvieron regidas desde grandes
poblados que controlaban una gran extensión
de terreno. Algunos se situaron
en la parte superior de un cerro como el
Cabezo de las Pupas (Morata) dominando el
valle del río Amir, y otros dominando
el gran altiplano de Coy, Avilés
y Doña Inés como el poblado
de La Tejerica, que pervivió durante
la etapa ibérica.
En las inmediaciones del río Corneros
se han documentado unos pequeños
poblados (La Parroquia, El Churtal),
situados en las laderas del río y
posiblemente relacionados con el
comercio que generaba la vía
natural de comunicación entre Levante
y Andalucía Oriental. En estos yacimientos
han aparecido abundantes fragmentos
de recipientes de almacenamiento,
fundamentalmente ánforas.
Estas gentes emplearon el rito de la incineración
para enterrar a sus difuntos. Los únicos
vestigios de necrópolis de esta época
se han documentado enfrente del poblado
de Torrealvilla, donde se halló una
urna de incineración con decoración
pintada.
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