Edad del Bronce
En esta zona del sureste peninsular, la
Edad del Bronce (2.000-1.500 a.C.) se conoce
como “Cultura del Argar”.
La situación geográfica de
Lorca y el descubrimiento de la gran riqueza
mineral del territorio hacen de ella un
lugar privilegiado.
Se cultivaban cereales (trigo y cebada),
vid y legumbres. El grano se guardaba en
vasijas de almacenamiento y se convertía
en harina con los molinos de mano.
Criaban ovejas, cabras y caballos y continuaban
cazando. La actividad metalúrgica
del cobre y bronce (estaño y cobre)
debió alcanzar un gran desarrollo.
Asimismo, los argáricos posiblemente
intercambiaron productos con otros
poblados.
Los poblados argáricos se establecieron
en elevaciones naturales o en llanura:
• Los asentamientos sobre
cerros se fortificaban con murallas
que podían disponer de torres cuadrangulares
adosadas como en El Cerro de las Viñas
(Coy) o el Barranco de la Viuda (Hinojar).
Otros poblados en altura: Felí, El
Castillico (La Paca), Cañada de Mena
(La Hoya), Zapata (Ramonete), Cabezo de
las Piedras (Almendricos), Peñas
de Béjar, el Castellón (Béjar)
y la propia ciudad de Lorca. En el interior
de estos poblados, las viviendas estaban
adosadas a la muralla y abiertas a estrechas
calles.
• En el valle del Guadalentín
destaca un modelo de asentamiento compuesto
por grandes poblados alrededor de los cuales
se distribuyen núcleos de menor entidad,
fundamentalmente agrícolas. Estos
poblados se situaban en zonas llanas
y sin defensa, con viviendas cercanas
a ríos y arroyos como el Rincón
de Almendricos (Almendricos). Otros yacimientos
distribuidos por el campo lorquino: Los
Cipreses (Torrecilla), La Alcanara, Los
Derramadores (Aguaderas) y La Torrecilla.
La planta de la casa argárica era
de forma rectangular, cuadrada, absidal,
trapezoidal, semicircular u oval. Se delimitaba
el espacio con muros de piedra reforzados
en su perímetro con postes de madera,
se compartimentaban y enlucían las
paredes y a veces las pintaban con tierra
“laguena” que le daba un color
violeta para impermeabilizarlas. Las casas
servían de vivienda y de lugar de
trabajo y almacén.
El enterramiento característico
de la cultura argárica es la inhumación
individual en el interior de los poblados,
en el subsuelo de las casas o próximo
a ellas. Hay varios tipos de tumba: covacha,
fosa,
cista
y urna.
El cadáver era enterrado en posición
flexionada, vestido y con un ajuar compuesto
por objetos de metal, cerámica, objetos
de adorno personal y alimentos.
Covacha. Enterramiento
en grietas o huecos de la roca.
Urna. Grandes recipientes de cerámica
de forma globular, de diferentes tamaños,
que se cubren con un cuenco de cerámica
o una laja de piedra y que sirven para enterrar
un cadáver.
Cista. Sepulcro construido con cuatro piedras
laterales planas, una de base y una de tapadera
que se introducen en una fosa.
Fosa. Hoyo en la tierra para enterrar un
cadáver. En ocasiones, las fosas
estaban delimitadas por piedras.