Bizantinos y visigodos
A mediados del siglo VI d.C., el rey visigodo
Atanagildo entregó a los bizantinos
las tierras que no dominaba y que coinciden
con la parte de Hispania
más romanizada del este y sur de
la península, desde Cádiz
hasta Valencia. A partir de estos años
surgen los conflictos entre bizantinos y
visigodos fundamentalmente en la zona fronteriza.
Con posterioridad al siglo V, se confirma
la continuidad urbana de Eliocroca,
hecho constatado al citarse como una de
las ciudades del Tratado de Teodomiro. Durante
los siglos V al VII d.C. se produjo una
consolidación de la población
del Cerro del Castillo, la ocupación
de la ladera oriental que desciende al río
y de algunas tierras inmediatas al mismo.
Lorca ejerció una función
económica sobre el corredor del valle
del Guadalentín,
importante vía de comunicación
con un amplio ámbito rural en su
entorno, por donde llegarían productos
importados (cerámica de lujo, ánforas)
procedentes de la ciudad portuaria de Cartagena
y posiblemente de los asentamientos costeros
de El Castellar de Mazarrón, la Isla
del Fraile en Águilas y el Cerro
de Montroy en Villaricos.
Junto a los grandes centros continuadores
de las villae,
se han constatado pequeños asentamientos
rurales, ubicados preferentemente en las
laderas próximas a los ríos
o las ramblas, con una economía agropecuaria,
y una serie de poblados en altura. En otras
ocasiones estos poblados de altura se situaban
en cerros inexpugnables con una magnífica
estrategia defensiva y de control de las
rutas de paso, como el Cerro de Peña
María. Otros yacimientos de características
similares son El Castillico, dominando el
valle del río Turrilla, y El Castellón,
controlando la vía de comunicación
que conforma el río Corneros.
Se continúa con una agricultura
mediterránea, compuesta
por vid, olivo, cereales y leguminosas (guisante
y la guija). Además, existen evidencias
de la existencia de una almazara
en la meseta que coronaba la ciudad.
Las escasas necrópolis
de esta época pertenecen mayoritariamente
a enclaves rurales. Los
tipos de sepulturas son: la cista, la fosa
excavada en la roca y la fosa rectangular
revestida de piedras. La orientación
de las tumbas suele disponerse este-oeste
y no existe «ajuar». La población
de Lorca durante el siglo VI y primera mitad
del siglo VII fue enterrada en una necrópolis
situada al pie del cerro del Castillo y
al sureste de la ciudad.